← Volver al blog

Llegas ocupado todo el día y no avanzas en nada

Cómic editorial: Llegas ocupado todo el día y no avanzas en nada

Hola, ¿cómo están? Espero que este rato les caiga bien, sobre todo si vienen de un día de esos en que uno hizo muchas cosas, respondió mensajes, movió papeles, abrió quince pestañas y aun así se sienta al final con la extraña sensación de haber estado ocupado como licuadora sin tapa. No es flojera. A veces terminamos cansados de verdad, con el cerebro como celular al 3%, pero sin poder señalar qué fue lo que avanzó.

Pasaba por aquí porque esa pregunta aparece mucho más de lo que admitimos: si estuve ocupado todo el día, ¿por qué sigo tan lejos de lo que me importa? La respuesta automática es decir que nos faltaron horas. Pero muchas veces no nos faltaron horas. Nos faltó honestidad para mirar en qué se fueron.

Cuando estar ocupado nos sirve para escondernos

Hay tareas que parecen trabajo serio porque hacen ruido. Organizar archivos. Contestar correos que podían esperar. Cambiar el nombre de una carpeta por quinta vez. Ver un video sobre cómo dejar de procrastinar mientras evitamos la tarea que nos tiene haciendo sudar frío. Todo eso consume energía real. El problema es que muchas veces no mueve nada importante.

Nos encanta decir: “Hoy no paré”. Claro, tampoco para el hámster de la rueda. Se mueve bastante y sigue viviendo en el mismo apartamento diminuto. Nosotros hacemos algo parecido cuando llenamos la agenda de cosas pequeñas para no tocar eso que sí exige valor: mandar la propuesta, estudiar de verdad, pedir perdón, llamar a alguien, buscar trabajo, terminar el proyecto, ordenar las cuentas.

Las tareas pequeñas tienen una ventaja peligrosa: casi siempre te dejan sentir buena persona. Responder “recibido, gracias” a tres correos da una satisfacción absurda, como si hubieras cerrado una negociación internacional. Pero abrir el documento que llevas semanas evitando ya no da satisfacción. Da incomodidad. Entonces seguimos limpiando la cocina mental mientras la casa que importa se nos cae encima. 😅

Estar cansado no siempre significa que avanzaste. A veces solo significa que escapaste durante muchas horas.

La mentira que nos contamos al terminar el día

La mentira es sencilla: “Cuando tenga más orden, más tiempo o más ganas, hago lo importante”. Suena razonable. También suena razonable guardar una caja de cables viejos “por si acaso”, y todos sabemos que ese “por si acaso” termina viviendo contigo hasta la próxima mudanza.

Lo importante rara vez llega cuando todo está perfecto. Llegará cuando abras el computador con sueño. Cuando no sepas bien por dónde empezar. Cuando la tarea se vea grande y tu cerebro sugiera, con mucha seguridad, revisar otra vez el clima. La vida cambia cuando haces una parte pequeña de lo que importa antes de gastar tu mejor energía en lo que solo parece urgente.

No se trata de despreciar las tareas pequeñas. Hay platos que lavar, mensajes que responder y papeles que resolver. El problema empieza cuando los usamos como escondite. Si el informe importante lleva dos semanas sin abrirse, no eres una persona organizada por haber actualizado todos los emojis del grupo familiar. Eres una persona cansada que necesita dejar de negociar con lo evidente.

Haz primero una cosa que cambie algo

Prueba esto mañana: antes de entrar a correos, redes o mensajes, escribe una sola tarea que, si la haces, deje el día distinto. Una. No siete. No una lista que parezca menú de restaurante. Puede ser enviar esa solicitud, estudiar treinta minutos, terminar una página, hacer una llamada difícil o sentarte a poner números claros sobre una deuda.

Luego dale un bloque corto y serio. Veinticinco minutos sin abrir nada más. Pon el celular lejos, porque “lo dejo aquí por si pasa algo” es la frase que termina con nosotros viendo un perro vestido de astronauta veinte minutos después. Si llega una tarea pequeña, anótala. No tienes que obedecer cada campana que suena. No eres recepcionista de tu propia distracción. 🫠

Al terminar, no esperes sentirte convertido en máquina. Tal vez la tarea siga siendo difícil. Tal vez solo avances un poco. Pero ese poco vale más que ocho horas de actividad elegante que no dejó nada en pie. La disciplina no siempre se siente poderosa. A veces se ve como alguien cansado haciendo lo correcto sin anunciarlo.

Dios no nos llama a correr vacíos

Jesús dice en Mateo 11:28: “Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso”. No está hablando de una vida donde no haya responsabilidades. Está hablando de un descanso más profundo que seguir llenando el día para sentir que valemos algo. No tienes que ganarte el derecho a parar ni demostrarle a Dios que eres útil cada minuto.

Podemos trabajar con ganas, ordenar lo que debemos ordenar y avanzar con disciplina. Pero no desde el miedo de quedarnos atrás ni desde la necesidad de aparentar que podemos con todo. Dios ve la tarea que nadie aplaude, el paso pequeño y la batalla silenciosa. Él no te pide que cargues mañana completo hoy. Te pide fidelidad en el siguiente paso.

Dios los bendiga. Hoy no necesitas resolver toda tu vida: elige una cosa importante, haz el primer tramo y recuerda que Dios está presente también en ese escritorio, esa llamada o esa hoja en blanco. Él puede darte dirección y fuerzas para dar el siguiente paso. 🙏

CeroTibio.

← Anterior
Siguiente →