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Te estás exigiendo como si nunca pudieras cansarte

Cómic editorial: Te estás exigiendo como si nunca pudieras cansarte

Hola, ¿cómo están? Espero que el día les haya dado aunque sea un respiro entre el trabajo (o el estudio si aún estás en el colegio o la universidad), los mensajes sin responder y esa sensación rara de llegar a casa con el cuerpo molido, sentado en el sofá, pero la cabeza todavía corriendo una maratón. Hay semanas en las que hasta elegir qué comer parece una tarea que te toca sentarte a pensar. Uno abre la nevera, mira el arroz, mira el celular, y de alguna forma termina cansado otra vez 😮‍💨

Hace años, cuando trabajaba como asesor de tesis recién graduado, me creía de acero: tres trabajos al día, luego cinco, seis, siete, trasnocho incluido, porque aparentemente mi plan era convertirme en una fotocopiadora con ansiedad. Hasta que mi cuerpo hizo crack, me dio una crisis fuerte y mi familia tuvo que recogerme con palita, llevarme a la clínica y bajarme de esa película del “incansable”. 😅

Pasaba por aquí porque esa historia me dejó una pregunta incómoda: ¿cuándo fue que trabajar duro se convirtió en demostrar que podemos con todo? Hay semanas que piden más de nosotros y toca responder. El problema es exigirnos como si cansarnos fuera una falla de carácter, como si descansar fuera para gente menos seria, menos capaz, menos adulta. Entonces seguimos empujando, aunque ya no estamos dando lo mejor: estamos dando lo último que queda, con cara de “todo bajo control” y el cerebro cargando al dos por ciento. 🫠

No tienes que cargar solo lo que te está aplastando

Mateo 11:28 dice: “Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso”. Jesús no está hablando solamente con personas que no pueden levantarse de la cama. Está llamando también al que cumple, produce, responde mensajes, sonríe en reuniones y por dentro ya no sabe cómo va a sostener otra semana. El descanso que ofrece no es una medalla por aguantar. Es una invitación a dejar de fingir que fuimos hechos para cargar solos.

Eso cambia bastante la conversación. Porque admitir “no puedo con todo” no es rendirse ni volverse irresponsable. Es dejar de jugar a ser invencible, un trabajo que nadie te pidió y para el que, por cierto, no te dieron manual. Dios no se impresiona cuando nos reventamos intentando demostrarle que somos suficientes. Él ya sabe dónde estamos débiles. Nosotros somos los que hacemos teatro.

Ser responsable no significa vivir reventado. Significa saber qué cargar, qué soltar y a quién acudir cuando ya no das más.

A veces el límite te está diciendo la verdad

Nos cuesta escuchar los límites porque llegan sin buenos modales. Llegan como cansancio, dolor de cabeza, una respuesta seca que no querías dar, una tarea pequeña que de pronto parece escalar el Everest en chancletas. Y en vez de preguntarnos qué pasa, abrimos otro café, ponemos música épica y seguimos. El café es una bendición, pero no puede resolver una vida que necesita orden.

Tal vez tu límite hoy está diciendo algo sencillo: no aceptes ese compromiso extra. Duerme. Habla con alguien. Deja de revisar el correo a medianoche como si ahí fuera a aparecer la respuesta a toda tu existencia. Haz una lista más corta. Termina una sola cosa bien. No necesitamos convertir cada martes en una prueba de supervivencia para sentir que valemos.

Descansar también puede ser una decisión seria

Hay una diferencia entre escapar y descansar. Escapar es perder tres horas viendo videos sin recordar ni uno, mientras el pendiente sigue sentado al lado como un gato juzgándote. Descansar es parar con intención para volver a lo importante con la cabeza más clara. Puede ser dormir temprano, caminar sin audífonos, comer tranquilo, apagar el celular un rato o decir: “Esto hoy no lo voy a resolver, pero mañana lo voy a enfrentar mejor”.

Y también está la parte incómoda: pedir ayuda. Hay gente que ama servir a todos, pero cuando necesita una mano se vuelve una caja fuerte con piernas. No tienes que contarle tu vida a cualquiera, pero sí puedes buscar a una persona madura y decir la verdad sin adornos: “Estoy sobrepasado. Necesito hablar”. Eso no te hace carga. Te hace humano.

Si estás cansado, no uses tu agotamiento como prueba de que debes esforzarte todavía más. Pregúntate qué estás intentando cargar solo. Luego entrégaselo a Dios con honestidad, toma una decisión pequeña y cuida el cuerpo y la mente que Él te confió. No necesitas resolver el mes entero esta noche. Necesitas dar el siguiente paso correcto.

Dios los bendiga. Él está presente en tu cansancio, da descanso y fuerzas para el siguiente paso; hoy puedes soltar una carga real y caminar acompañado. 🙏

CeroTibio.

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